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AngelPanter

El sabor de la lealtad…

Y dice un viejo refrán: Arrieros somos y en el camino andamos… Luego entonces no pasa nada cuando te decepciona un amigo, pues crees en el llamado Karma y sabes que algún día lo pagará. Un colega o un conocido pueden desilusionarte sin problema, un desconocido te tiene sin cuidado. Pero un amigo, casi un hermano. Te rompe el corazón y te destruye la fe en la humanidad. Cuando alguien a quien consideraste un hijo, un hermano o un alma gemela te miente o peor, te engaña. Tan similar a ti que casi pudiste pensar en que estaban el uno echo para el otro. Un romance fraternal, eso es un amigo. De quien depende tu sonrisa y a quien le debes muchos momentos de alegría y tal vez, también de tristeza, cuando compartían sus dolores o los tuyos. Es difícil dejar de ver a un amigo. Decía don Alberto Cortes, -Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo pueden llenar con la llegada de otro amigo.

El alma se llena de frio y la historia da la vuelta a la esquina de los recuerdos. Un árbol se cae y no vuelen a brotar flores en la memoria. Pues la desconfianza hace presa a aquel que fue lastimado. Pero, ¿Qué es la lealtad? ¿Porque duele más la falta de lealtad a la falta de honestidad? Porque no es lo mismo, de ninguna manera. La lealtad es una especie de devoción que tiene un ser humano hacia otra persona o hacia algo o alguien, que puede ser simbólicamente un ser o un objeto al que le debe respeto y sobre todas las cosas transparencia y verdad. Puede ser incluso hacia si mismo. Pues, al ser leal un ser humano se compromete a responder por sobre todas las cosas con ese sentimiento que no tiene cabida para mentiras. Puede ser incluso cruel el ser leal, pues al serlo, la persona que lo es te dice exactamente lo que piensa y observa respecto a la relación de él con aquello o aquel a quien le debe lealtad. Hay un gran espectro de cosas, ideas o situaciones a las que se les puede ser leal. Es el sentido de compromiso en donde una promesa de unidad esta latente entre dos unidades que se convierten en uno de dos. Es el saber que pase lo que pase, siempre estarás presente para esa persona o aquello a lo que se es leal. Existe un vínculo de honor dentro de la lealtad. Un enlace de gratitud y de apego que no puede romperse con nada. Una amalgama que permite incluso errores, más no deshonestidades que proyecten mentiras detrás de una pared y se alumbren con engaños y falsas expectativas. Pues cuando alguien que te prometió lealtad, más que amor debe de cumplir su promesa, pues sobre todas las cosas, su nombre y referencia se mancha en su totalidad, al no ser leal. Se dice que la lealtad es un cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor. Luego entonces, un amante que engaña a su pareja puede ser no solo un cobarde mentiroso, sino un ser asqueroso lleno de deslealtad. Falso y putrefacto, pues no puede sobrevivir oliendo a limpio, aquel que engaña a quien le profesó un amor incondicional o una amistad que sobre todas las cosas se cimentaba en la lealtad.

Pero, ¿Que culpa tiene ante esta situación el Ego? Cuando dentro de una relación, la competencia entre dos seres humanos empieza a corromper el sentido de la amistad o del amor. Cuando más allá de cualquier sentido de respeto se antepone la necesidad de ser el más exitoso y talentoso o tal vez, el más “gandalla” pues aquel que abusa del otro simulando una amistad o un amor solo para sacar ventaja y utilizar a su pareja no tiene ningún sentido de respeto ni merece por ningún motivo aplauso alguno. Cuando la sed de éxito y aplauso te impulsa a aplastar al amigo o a la pareja, para sacar beneficio propio y proclamarte el más inteligente, el más guapo, el más exitoso o tal vez, el único que valía la pena dentro de esa relación. Y es aquí cuando bajo la máscara de la lealtad, te encuentras al payaso que solo esta fingiendo ser un gran padre, un gran amigo, un hermano, una buena persona o tal vez, un buen ser humano. Aquel que detrás de la cortina se estremece de envidia ante el éxito ajeno y se muerde los labios por el sabor que tiene el complejo de inferioridad. Que pena dan aquellos a los que les llamamos amigos del alma y quienes al final del camino nos dan una puñalada por la espalda. Dándose la vuelta y simulando que no ha pasado nada. Duele haber creído en el amor, en la amistad y en el ser humano. Pues el hombre o la mujer que es desleal, no merece respeto de nadie. Cosa fácil de superar, por cierto, para aquel que ha sido ametrallado con el engaño y la deslealtad. Pues, como dice un viejo refrán. -Pero de nosotros dos, tu pierdes más que yo. Porque yo podre ser amiga, amigo o amante de otras personas con la misma lealtad que yo te di. Pero tú, jamás encontrarás a otra persona igual a mí. Que te quiera con lealtad, con el respeto y sobre todo que te tenga tanta admiración, fe y confianza. Porque hoy, tiro de la cadena y me marcho.

ANGELICA MARTI ARVIZU www.angelicaarvizu.com

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