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Rumbo al XX

Mario Quiroz Gatica

En algún lugar de la rivera del Río Jordán, en la eterna tierra de conflicto llamada Israel, por la zona de Judea, bautizaba Juan el Bautista, proclamaba: “Haced penitencia que el reino de los cielos está cerca”, (Mateo, capítulo III, versículo 2). Jesús vino a su encuentro habiendo dejado Nazareth su lugar de residencia y lo obligó a bautizarlo. Se retira Jesús al desierto de Judea y ayuna 40 días. Es un hombre de 30 años, en pleno vigor físico. Ha llegado su momento y antes de iniciar su misión requiere hacer un encuentro consigo mismo.

Hemos visto a los luchadores sociales entrar en huelga de hambre y superar los 40 días, pero con daño permanente en su organismo. Hemos escuchado de los gobernantes sus formas de entrar en reflexión acudiendo a la inmensidad del mar, la oscuridad completa de las cuevas, la soledad de la montaña, el mismo desierto, para encontrarse a sí mismos y darse valor para lo que les espera, o lo que están viviendo.

Sin desearlo, al adulto mayor nos llega la reflexión sobre el reino de los cielos, esto es, un reino que no es terrenal y que cada vez estamos más cerca de él. Consciente o no, a Jesús le quedaban tres años de vida. Nosotros no sabemos cuanto nos queda; bien vale la pena también hacer nuestra propia reflexión.

Te invito, querido lector, a una reflexión semanal por un espacio de seis semanas. No tengo ni idea lo que saldrá pero algo debe salir de provecho. No es un asunto religioso, es un asunto humano. Nosotros no iniciaremos nuestra misión, la terminaremos. No todos tienen el privilegio de llegar a nuestra edad, para fines de definición que sea de 68 o más, para estar acorde con el régimen, que por cierto, ayer domingo 10 de marzo de 2019, cumplió 100 días de su misión y que hoy informa al respecto. (79.4% de aprobación, El Universal. Ningún presidente la ha tenido).

Si eres un jovenzuelo menor a 68 años, también estás invitado.

Primera reflexión:

Ayer tuve en mis brazos a mi primera nieta, Amaya Valentina, de cinco meses de edad, apenas se sostiene en forma vertical, ya tiene fuerza en su espalda para sostener con dificultad la cabeza. Empieza a tener fuerza en sus manos y ya las tiene extendidas, tiene también fuerzas en sus piernas y empieza a sostener su cuerpo. Por primera vez prueba un helado y le gustó sobremanera. Tiene la magia y la fuerza de reunirnos en familia.

Faltó una fotografía de ella sobre mis piernas que llevara como texto: el inicio y el término de la vida.

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