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NIELS ROSAS VALDEZ

 

Hace unos días la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentó un informe en Nairobi acerca del estado del medio ambiente en el que se expuso que la vida en la Tierra terminaría alrededor del año 2050 a causa de tres cosas: por la extinción de la capa de hielo del Ártico; por los desiertos, que se harán más extensos; y por la mala calidad del aire. Esto provocaría que la temperatura del planeta se incrementase varios grados, dificultando su habitabilidad. ¿Qué se ha planteado para poder atender este tema tan relevante para todas las naciones?

El deterioro del medio ambiente es, sin duda alguna, un tema que nos compete a todos: sociedad y gobierno. Es por ello que la ONU, con el objetivo de evitar llegar a lo proyectado en su informe, ha propuesto, con la asesoría de 250 especialistas en el tema, que los países reduzcan la emisión de gases tóxicos en un 40% en el primer año, aumentando el porcentaje de manera gradual hasta que el medio ambiente se encuentre en mejores condiciones. Desde luego sería una brillante medida para atender el medio ambiente, no obstante no sólo es suficiente la recomendación de la ONU, sino que los diversos países la adopten y sigan de cerca su ejecución en su respectiva sociedad. Pero por ahora, este tema tan relevante desafortunadamente continúa siendo uno menospreciado a nivel mundial tanto por los gobiernos como por las personas, hasta llegar al punto de ser debatible en existencia, como lo ha apuntado Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América, en repetidas ocasiones.

Agraciadamente este tema no está olvidado por todos, e Irlanda es un ejemplo de ello. Su gobierno hace un par de semanas ha establecido que para el año 2050 el país tendrá cero

emisiones de dióxido de carbono. La antigua Hibernia no es la única. La canciller alemana Angela Merkel ha sido cada vez más simpatizante del activismo de Greta Thunberg, una niña sueca de 16 años que tras protestar por el medio ambiente ante el parlamento de su país el año pasado comenzó a llamar la atención mundial, hasta ser reconocida como una porta voz de la defensa de este tema. Por ello, el gobierno alemán se ha unido a los esfuerzos europeos para reducir las emisiones de carbono. Por su parte, el parlamento del Reino Unido, en respuesta a las protestas de activistas y público en general frente el Big Ben hace unas semanas, ha declarado «emergencia del medio ambiente» y por consiguiente ha adoptado medidas más estrictas para la reducción de emisiones de carbono.

Pero lo importante aquí no sólo es que los países adopten medidas de esta índole, sino que los mismos gobiernos vigilen el real cumplimiento de éstas tanto por parte de la población, como por parte del sector privado, cuyas grandes empresas y centros de producción son los responsables de una gran parte de la contaminación y erosión del medio ambiente. Medidas que pueden acompañar los esfuerzos de reducir las emisiones de dióxido de carbono para mejorar el medio ambiente pueden ser el desarrollo de áreas verdes, o bien hacer más eficiente el transporte público, o bien adoptar formas de producción de energía que sean menos agresivas con el medio ambiente (una refinería, por ejemplo, es un mal ejemplo de esto), entre otras.

El empeoramiento del medio ambiente, de manera desafortunada, no sólo conlleva la degradación de nuestro entorno natural, sino que creará una mayor desigualdad socioeconómica que debe preocupar a los gobiernos. Por ejemplo, las personas que se dedican a la agricultura, que por lo general son de escasos recursos, se verán afectadas al tener sus terrenos erosionados e imposibilitados de proveer cultivos, lo que generaría dos cosas: una reducción considerable de su ingreso económico (y con ello dependencia del gobierno), y migración (situación que está pasando en todo el mundo). Aquí se refleja tristemente una situación que provoca la socavación del medio ambiente: el pobre estaría más afectado, y a diferencia del rico, tendría mucha menor capacidad de reacción frente a los embistes duros de nuestro mermado entorno natural. Nos quejamos de la desigualdad social y económica que los gobiernos y empresas por lo general provocan. ¿Acaso nosotros

seríamos diferentes si continuamos erosionando nuestro medio ambiente y con ello afectar al más pobre?

Niels Rosas Valdez Escritor, historiador e internacionalista niels.rosas@gmail.com @NielsRosasV (twitter)

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