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La guerra en la oscuridad

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NIELS ROSAS VALDEZ

Hace ya varios días el pánico mundial se elevó tras conocer un nuevo brote de virus denominado por los médicos como “coronavirus”. Si bien, inicialmente no fue un problema mayúsculo, hoy en día se ha convertido en un problema de primer nivel para los gobiernos alrededor del globo. ¿Cómo se puede leer la existencia de este virus para las relaciones internacionales?

En diciembre del año pasado se identificaron los primeros casos de coronavirus en la ciudad cosmopolita de Wuhan, China. Para ese momento no parecía un problema de consideración para las autoridades chinas, sin embargo, el virus se propagó con una velocidad fugaz de tal suerte que contaminó a varias personas en el territorio y a otras más que se encontraban de paso en el país asiático, de tal suerte que llegó a sospecharse que algunas personas que habían estado en contacto con chinos pudieran portar el virus.

En este contexto, países como Estados Unidos de América (EUA) y Reino Unido extremaron sus precauciones al conocer la existencia de este brote de virus, sobre todo porque en sus territorios se encuentran unos de los aeropuertos con mayores flujos de pasajeros de todo el mundo, lo que aumenta las probabilidades de recibir a una persona portadora del coronavirus. No obstante, esta precaución se enfatizó al encontrarse la posibilidad de que tres escoceses que habían estado en China pudiesen estar contaminados con el virus. Para bien no dieron positivo en los resultados, por lo que la calma pudo regresar. La rapidez de la reacción se debió primordialmente a la eficiencia de las instituciones de salud, así como del personal de salud de la isla anglosajona.

Mencionar esto ineludiblemente nos hace preguntarnos acerca de nuestro estado en relación a nuestro sistema de salud, es decir, surge la pregunta “¿qué tan preparados estamos nosotros a través de nuestras instituciones de salud para afrontar un posible brote en el país?”. Desde luego habrá muchas opiniones, pero haciendo un ejercicio realista podremos comprender que no estamos a la altura, lamentablemente.

Pero regresando al tema, a pesar de la información que se tiene del origen y propagación del coronavirus, existen otras ideas en torno a ello y no se pueden evitar otras formas de explicación, además de teorías hasta cierto grado conspirativas. Conocemos el escenario: EUA y China se encuentran en una amplia batalla por la supremacía global, en donde ambos países compiten a través de su economía, influencia política, milicia, tecnología, seguridad, academia, etc., y cualquier ventaja es bien recibida. De igual forma, cualquier manera para socavar al rival es ejecutada y aprovechada por los dos gobiernos, por lo que surge la idea de que si este virus fue “colocado” en China para desestabilizarlo.

A pesar de lo conspirativo que pueda sonar ello, no deja de ser una posibilidad, pues en la historia encontramos múltiples usos de material biológico para degradar la estabilidad de una sociedad en aras de superarla. Muchas veces es complicado encontrar un rastro para comprobar esto, de ahí que se conozcan como “guerras silenciosas”, o bien que se realicen para un fin, aunque no bélico. De ahí también la concepción de la influenza H1N1. No obstante, lo real hasta ahora son más de 2 700 casos de coronavirus registrados en China, lo que representa una tarea y obstáculo mayor para Xi Jinping. La pregunta es, ¿qué tan rápido las autoridades chinas podrán hacerle frente a este brote y qué tan eficientes podrán serlo? Este escenario es un buen panorama para EUA para ver cómo responde su hoy en día mayor rival ante un problema tan severo como este.

 

Niels Rosas Valdez

Escritor, historiador e internacionalista

Twitter @NielsRosasV

niels.rosas@gmail.com

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