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Manifestaciones sin violencia

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NIELS ROSAS VALDEZ

Ayer, los llamados gilets jaunes, o “chalecos amarillos”, se manifestaron en París dando una nueva muestra de descontento que se tradujo en violencia cuando por varios periodos atacaron lanzando piedras a propiedades privadas, como restaurantes, tiendas, automóviles estacionados y demás, así como saqueando a cada una de aquéllas. Sin embargo, ahí no acabó la violencia, pues también atacaron a la policía mientras la manifestación hacía su recorrido a través de los Champs Élysées (Campos Elíseos). Ante esta turbulenta situación, el gobierno francés, encabezado por el presidente Emmanuel Macron, ha manifestado su incapacidad de hacer frente a los disturbios provocados por los chalecos amarillos. ¿Qué significan estas manifestaciones? ¿Es legítima la forma en que se ejecutan?

Las manifestaciones de los – ahora muy famosos – chalecos amarillos comenzaron en noviembre del año pasado ante el anuncio de Macron de elevar el costo de la gasolina (entre otras cosas). Sin embargo, ahora, tras 18 semanas de constante actividad y manifestación, estos chalecos amarillos pueden ahora considerarse como parte de un movimiento del antigobierno francés. No hay duda de que este tipo de organizaciones (o movimientos, si se quieren denominar así) pueden existir, sobre todo cuando se generan en una democracia, como es el caso, y sobre todo cuando tienen una razón de ser productiva democráticamente hablando, que quizá no sea el caso.

Como se mencionó, el nacimiento de los chalecos amarillos fue la intención de denunciar la decisión de aumentar el costo de la gasolina (de impuestos a la gasolina realmente) por parte del mandatario francés, no obstante, tras su gran impacto y eficiencia – después de un corto periodo de actividad – para doblegar al gobierno galo, su accionar fue sujeto al

oportunismo de la oposición y grupos antigubernamentales por querer hacer de ellos (los chalecos amarillos) una herramienta, por no decir arma, para realizar sus tareas. No por nada los dirigentes de los chalecos amarillos se han reunido con políticos importantes de la oposición francesa, así como agentes importantes a nivel internacional que están en desacuerdo con las decisiones de Macron, como es el caso de Luigi Di Maio, líder del infame movimiento ultraderechista italiano nombrado Movimento 5 Stelle (Movimiento Cinco Estrellas).

Paralelamente a esta manifestación acontecida ayer, hubo una más en otra zona de la capital francesa, precisamente en la Place de la République (Plaza de la República), donde alrededor de 45 000 personas marcharon por el medio ambiente para reclamar y demandar al gobierno a que reanude su compromiso de reducir las emisiones de dióxido de carbono y demás gases que dañan al medio ambiente. ¿Qué nos enseña esto? Nos enseña que por más legítima que sea una manifestación, asumiendo que el tema es correcto, sea moral, social, cultural, económica o políticamente correcto; y considerando que la misma acción de manifestarse es una clara representación de la libertad de expresión, debemos entender que no por ello debe existir en ellas ni agresión, ni violencia, ni vandalismo. Esto es de suma importancia y debe ser totalmente comprendido tanto en Francia, como en México, como en el mundo entero en cualquier lucha, por ejemplo, social, de lo contrario, de cierta manera, la violencia en cualquiera de sus formas podría deslegitimizar al tema y razón de la misma manifestación realizada, dando un retroceso a la misma en vez de avanzar hacia su objetivo o culminación.

Niels Rosas Valdez Escritor, historiador e internacionalista niels.rosas@gmail.com @NielsRosasV (twitter)

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