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Querétaro

Mario Quiroz, un queretano que luchó en el 68

Luego de 50 años, el movimiento estudiantil de 1968 fue recordado no sólo con la acostumbrada marcha realizada por estudiantes de diversas instituciones y movimientos sociales: en esta ocasión, la conmemoración alcanzó visos de institucionalidad con la participación del Senado de la República, el congreso del Estado e incluso del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, lo que puede ser interpretado como una reivindicación histórica.

Querétaro no fue ajeno a ello; en esta ocasión, la propia Rectora de la Universidad autónoma de Querétaro (UAQ), Teresa García Gasca, encabezo la tradicional movilización que inició en rectoría y en esta ocasión concluyó en el estacionamiento del campus Centro Histórico, hecho que fue criticado por algunos participantes que rechazaron precisamente el toque de “institucionalidad” impuesto a la marcha, pero también fue celebrado por otros tantos, por la misma razón.

En el lejano 1968, el movimiento alcanzó a algunos queretanos, no sólo por las actividades de protesta realizadas por la UAQ, sino por otros estudiantes que en ese momento residían en la Ciudad de México y cursaban alguna carrera en la UNAM o el IPN.

Uno de ellos fue Mario Quiroz Gatica, Ingeniero egresado precisamente del IPN, docente durante 30 años en el Instituto Tecnológico de Querétaro (ITQ), hábil columnista periodístico y apreciado actor político, militante de MORENA. En 1968 cursaba los primeros semestres de su carrera y la euforia de los jóvenes que por primera vez alzaban la voz para hacer sentir su presencia en el país, lo alcanzó a él.

Este año participó de la multitudinaria marcha conmemorativa en la Ciudad de México y compartió esa experiencia, así como algunos recuerdos de aquél combativo pasado, en entrevista con Juan Álvaro Zaragoza Lomelí en su programa “Tres a las 3”,; ahí, definió esa movilización como “un fuerte llamado de atención” al gobierno entrante.

“El 2 de octubre de 1968 fue un día miércoles; 50 años después, el 2 de octubre cae en un día martes, un día difícil para organizar marchas; sin embargo, lo que vi en la ciudad de México me dejo boquiabierto: una respuesta multitudinaria, con la presencia de todas las instituciones educativas del país y lugares cercanos a la capital y organizaciones sociales, pero destacaba mayoritariamente la voz de los jóvenes, que nuevamente se hizo sentir.

Este es un fuerte llamado de atención no al gobierno que termina sus funciones en dos meses, sino al nuevo gobierno: fue tal el vigor, tales las proclamas, tal ira contenida por parte de los jóvenes, que ojalá el futuro Secretario de Educación tenga a la manos esa información y qué mejor que hubiera ido a escuchar esto que parece una olla de presión”, narró.

Fue una marcha multitudinaria que en su culminación abarrotó el zócalo, para tomarlo triunfalmente como en aquellos años.

MEMORIA VIVA

Al recordar su pasado como estudiante, Quiroz Gatica resalta que a finales de la década de 1960, el país gozaba de cierta estabilidad: el país presentaba un crecimiento por encima del 6 por ciento anual (actualmente no supera el 2 por ciento) y la clase media podía acceder a las instituciones educativas, entre otros satisfactores

“Pero lo que no teníamos era democracia, no había democracia alguna en la sociedad donde yo pasé mi juventud y eso nos asfixiaba: puesto en una balanza lo que teníamos frente a lo que carecíamos, siento que pesó más ese oxígeno que le hace falta a los jóvenes, esto es su libertad”, acotó el ingeniero.

Como estudiante de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), recordó que tras el exceso de fuerza por parte de las autoridades policiacas para reprimir una riña entre estudiantes, el descontento se canalizó en la difusión de información y la inmediata organización de comités y representantes de cada escuela, como primer antecedente de lo que más tarde sería el Comité Nacional de Huelga (CNH).

Recordó que en el ESIME los estudiantes eligieron como su representante a Félix Hernández Gamundi, un entusiasta estudiante que cursaba en ese entonces el tercer año de su carrera, actual coordinador del Comité del 68 Pro – Libertades Democráticas, uno de los que fue hecho prisionero en el mitin de Tlatelolco.

”No lo he podido saludar después de 50 años, en la marcha estuve como a seis metros de él, quería estrecharle la mano y quería pedirle perdón porque con mi voto de estudiante lo mandamos al bote: elegido representante del ESIME participó en el mitin del 2 de octubre, fue detenido y encarcelado, acusado de 10 delitos, lo sentenciaron a 12 o 14 años de cárcel”, rememoró.

Las actividades de Mario Quiroz y sus compañeros huelguistas consistían en la formación de brigadas que se trasladaban a bordo de los autobuses del IPN para repartir propaganda y realizar pintas en varios puntos de la ciudad, mediante operaciones relámpago que no duraban más de tres minutos, para evitar que la policía los ubicara; aun así, no se salvó de sufrir una corretiza por parte del el ejército en la Vocacional 7. Era un participante activo.

Resaltó que el mitin de la Plaza de Las Tres Culturas, que sería uno de tantos que se realizaban, tuvo la particularidad de que fue el único en el que se encontraron todos los integrantes del CNH;

“Yo falté porque un fin de semana antes regresé a casa, a Querétaro, y mi familia no tuvo dinero para el pasaje de regreso”.

TRAER LA FLAMA A QUERÉTARO

Aunque su calidad de estudiante dependiente de su familia le obligó a dejar la lucha en las calles de la Ciudad de México, Mario Quiroz llevó consigo la chispa de la rebeldía a Querétaro, lo que pudo costarle la libertad y algo más, asegura.

Y es que ese fin de semana antes del 2 de octubre trajo consigo un poco de propaganda para difundirla en esta tranquila ciudad provincial y estuvo a punto de ser detenido.

“Traía escondida en una caja de zapatos, propaganda del movimiento con la intención de pegarla aquí en Querétaro; eran hojas tamaño carta. La puse hasta el mero fondo de un camión y yo me fui hasta enfrente, por si veía yo que la descubrían, sería el primero en bajarme y correr. Subió un militar revisando toda la paquetería, cuando se iba acercando a la caja de zapatos, estaba sudando porque la apariencia de estudiante no se quita con nada”, rememora. Al final, no tuvo contratiempos.

Sin embargo, el riesgo aumentó cuando decidió tapizar varias calles con los subversivos comunicados del CGH.

“Fui a comprar atole blanco al negocio de doña Sara, en 16 de septiembre; recuerdo que la casa de mis padres estaba en Gutiérrez Nájera, agarré la camioneta de mi padre y ahí te voy, en el mero centro para que se den cuenta. Me fui por todo Juárez, Arteaga recorriendo cuadra tras cuadra hasta llegar a la ribera del Río, pegando propaganda. En el cruce con Gutiérrez Nájera, un taxista se para y me grita `muchacho pendejo, ahí vienen atrás de usted, córrele´; dejé todo, me subí a la camioneta y llegué temblando a la casa. Mi padre ni se las olía”.

Y es que en aquél entonces, el Secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez, pidió a todos los gobernadores “dar un escarmiento” a quien alterara el orden, por lo que le joven estudiante se salvó de ser encarcelado o incluso desaparecido.

Finalmente, el ingeniero celebró que las nuevas generaciones mantengan viva la rebeldía que dignamente demostraron sus predecesores, en ese puente transgeneracional que pone a los estudiantes del país como un sector fundamental en su desarrollo, como quedó demostrado en la conmemoración por el 50 aniversario de la masacre de un Tlatelolco que efectivamente, no se olvida.

“Felicito a los jóvenes, a los miles y miles de jóvenes que salieron a la calle a levantar su voz, una voz enérgica, demandante y tienen derecho: que no se les robe su futuro”, concluyó.

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