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No, esa lucha femenina no se deslegitima

Procesos del Poder

NIELS ROSAS VALDEZ

En el último par de días hemos leído y escuchado comentarios que de manera severa condenan los acontecimientos realizados por mujeres – en su mayoría – el pasado viernes en varios puntos de nuestro país, pero particularmente en la Ciudad de México, en donde se hicieron destrozos y de pintarrajeó el patrimonio de la nación. ¿Qué actitud, como espectador, hay que tener frente a estos eventos?

Las personas, en su mayoría mujeres, que se reunieron el viernes en varios espacios públicos de México lo hicieron con un simple propósito: hacerse escuchar ante las autoridades. ¿Para qué? Básicamente para exigirles atención y acción contundente ante las omisiones que han tenido de las denuncias de violencia de género, sean violaciones, feminicidios, o cualquier otro tipo de violencia hacia la mujer. Este es un movimiento totalmente legítimo y que ha crecido en los últimos años de manera exponencial, apuntando nuevas y nuevos participantes y levantando la voz de las personas agraviadas.

La violencia de género, por más que se menosprecie y se intente ocultar y normalizar, es un mal social que debe ser superado para llegar una sociedad igualitaria, que es el objetivo de toda sociedad, al menos democrática. No obstante, por más lamentable y decepcionante que sea, ni sociedad ni Estado le han puesto la atención e importancia requerida para detenerla. La lucha, principalmente por mujeres, para detener la violencia de género es totalmente legítima (por si acaso era necesario mencionarlo) y los datos la respaldan con gran impacto. Según el reporte más actualizado del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a junio del presente año se han registrado un total 470

feminicidios. Es un dato alarmante, sin embargo a tal cifra aún habría que añadir aquellos feminicidios que por temor o negligencia no fueron reportados en ese periodo de tiempo.

Otros datos, estos, de organizaciones no gubernamentales, muestran que al día se presentan 10 feminicidios, por lo que cada 144 minutos habría uno. Da tristeza e importancia leer los reportes de este tema y hacer los cálculos como el ya presentado, pero más repudio existe conociendo la razón de estas muertes, y es que los feminicidios son asesinatos hacia mujeres sólo por el hecho de ser mujeres; por ello es catalogado como un crimen de odio. Es, de nuevo, legítimo este movimiento femenil para reducir y erradicar la violencia de género, pero, ¿es legítimo el haber devastado y pintarrajeado el patrimonio de la nación?

Desde luego hay varias opciones al respecto. Unos dirán que la lucha es correcta, pero la forma no lo es. Otros más cerrados y retrógradas podrán decir que fue sólo mero vandalismo y que ello consecuentemente deslegitima la lucha. En lo personal no me gusta que se hayan pintarrajeado espacios públicos, pero aún así para mí esa lucha femenina no se deslegitima. Los cambios sociales deberían realizarse de manera pacífica, pero eso difícilmente ha pasado en la historia, y menos cuando la instancia que debe ayudar, no lo hace. Por lo tanto, tales manifestaciones y acciones en ellas fueron un mal necesario en esta lucha para ejercer la presión necesaria hacia las autoridades para que de una vez por todas hagan algo y destinen tiempo y recursos económicos y humanos para atender la violencia de género de una forma contundente y no de manera desganada y con total parsimonia como se ha hecho en los gobiernos que hemos tenido.

Por último, es hasta risible y lamentable que las personas categoricen exclusivamente esto como vandalismo y que el gobierno lo pueda percibir también así. Ese grupo de mujeres – y muchas más que no asistieron – están pugnando para proteger su vida y la de las generaciones venideras, y para no tener miedo al salir de casa ni al transitar por donde se tenga que. Hay muerte y hay feminicidios en México, esa es la realidad. Si no los hubiera y si no existiera la violencia de género, su lucha y destrozos serían ilegítimos, pero no lo son, no es esa la realidad en nuestro país. Entonces, si el gobierno no hace caso y no opera para solucionar este gravísimo problema social, ¿de qué otra manera se puede llegar a la atención de las autoridades? Y es penoso y vergonzante a nivel nacional e internacional que en una sociedad y gobierno democráticos se ignore una lucha social de total legitimidad y que por ello se haya tenido que recurrir a esas manifestaciones para que las autoridades por fin presten atención. Penoso y vergonzante no para ellas, sino para el gobierno que ignora a sus propios ciudadanos que se encuentran en peligro. ¿Acaso no es responsabilidad del Estado proteger la vida de su población? Ojalá que la 4T lo cambie, sería su gran triunfo.

Niels Rosas Valdez Escritor, historiador e internacionalista niels.rosas@gmail.com @NielsRosasV (twitter)

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