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NIELS ROSAS VALDEZ

Hace un par de semanas se cumplieron dos años del intento de separación catalana de España, promovida en ese entonces por el presidente del gobierno de Cataluña, Carles Puigdemont. Hoy, tras poco más de 24 meses del referéndum de independencia y de haberse extinguido poco a poco las llamas altas del movimiento, se han anunciado la sentencia en prisión de varios líderes separatistas. ¿Qué lectura se le puede dar?

El referéndum de independencia de Cataluña en 2017 no ha sido el único evento en donde los catalanes han buscado desarrollar el proceso de separación de España. Al menos tres años antes, en 2014, el gobierno de esta región anunció un referéndum mismo que fue considerado inconstitucional por la Corte Constitucional del país ibérico. Un año más tarde, llegando Puigdemont al gobierno de Cataluña, se informó del interés de efectuar otro más, cuya fecha de realización fue el 1 de octubre de 2017.

A pesar de la vasta participación ciudadana que tuvo esta acción democrática en la que alrededor del 90% de los votantes eligieron la separación de la región catalana del país, y de que unas semanas más tarde el Parlamento de Cataluña aprobó la independencia, creando así una República; tanto los resultados como el proceso del referéndum fueron considerados ilegales por haber violado las declaraciones de la Corte Constitucional de España. En este contexto, el entonces presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, calificó el referéndum como traición a la patria, forzando a Puigdemont a abandonar el país y refugiarse en Bruselas, sede del Parlamento Europeo.

A dos años de tales sucesos, nueve líderes del intento de independencia catalana, a saber: Oriol Junqueras (vicepresidente de Cataluña), Raul Romeva (ministro de relaciones exteriores de Cataluña), Jordi Turull (vocero del gobierno catalán), Dolors Bassa (ministra de trabajo de Cataluña), Carme Forcadell (antiguo vocero del parlamento catalán), Joaquim Forn (ministro de gobierno), Josep Rull (ministro de territorio), así como Jordi Cuixart y Jordi Sànchez (activistas); han sido acusados y encontrados culpables, según la Corte Suprema de España, de delitos que van desde incitación hasta mal uso de recursos públicos, y que cuyas sentencias van de nueve a 13 años. En todo esto, ¿acaso estuvo mal lo desarrollado por el gobierno catalán con respecto a su intento de independencia?

Por muchos, este evento acontecido en la región más productiva de España sólo representa un intento de coup d’état por parte del gobierno catalán, mismo que ha sido considerado por el gobierno central como una región “revoltosa” a causa de sus ideas separatistas que han tenido a lo largo de los años. Pero lo cierto es que no es la única región del país ibérico que tiene este tipo de ideas. El País Vasco también ha considerado en varias ocasiones su posible separación de España, tan es así que incluso se ha originado un grupo terrorista en tal región con el objetivo de forzar al gobierno a acceder a las demandas del pueblo.

Pero tendremos que irnos más atrás para comprender un poco más la idea de la separación. Recordemos que el origen de España como la conocemos ahora se remonta a la unión de las Casas Reales Castilla y Aragón, que previamente habían absorbido a los demás reinos pequeños que se encontraban en el territorio que hoy conocemos por España. A pesar de que han pasado más de medio milenio desde ese momento, estos pequeños reinos absorbidos conservaron sus tradiciones, costumbres, lenguas, etc., al menos unos más que otros. He aquí donde recae el ideal de independencia de Cataluña, que si bien está siendo formado por cuestiones políticas y sobre todo económicas, también está envuelto en su búsqueda por no estar atado a otra cultura, lengua, tradiciones y costumbres “ajenas”.

El acto de la búsqueda de la independencia catalana de ninguna manera puede ser catalogada como algo ilegítimo o como un golpe de estado; en cambio, debe ser considerada como un acto de democracia en una región de España, más allá que ese acto concluya con la separación de tal región de la nación. El interés del país ibérico por retener esta región y obstaculizar lo más que se pueda su separación obedece al hecho de que tal porción de suelo y población representa un porcentaje mayúsculo del Producto Interno Bruto del país, además de ser un sitio turístico de enorme valor para toda Europa, por lo que dejarlo ir así como así significaría una gran pérdida económica. Desde luego hay más argumentos, pero sea como sea, interrumpir en el cauce de las prácticas democráticas en un escenario con sistema democrático sin duda es un severo error, más allá de que existan opiniones que vayan en el otro sentido. La libertad de Cataluña es legítima, no hay otro camino.

Niels Rosas Valdez

Escritor, historiador e internacionalista

Twitter @NielsRosasV

niels.rosas@gmail.com

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