NIELS ROSAS VALDEZ

¿Nueva Guerra Fría?

Hace unos días se registró un ataque inusual en los últimos tiempos en el Reino Unido. Se trata de un ataque direccionado hacia un espía ruso, de nombre Sergei Skripal, trabajando para los británicos, y a su hija, Yulia, en Salisbury, poblado inglés. Tras varios días de especulación y de investigación por parte de autoridades británicas, ayer, la primer ministro Theresa May expuso los resultados de dicha investigación explicando que es muy probable que Rusia haya envenenado al ex-espía y a su hija a través de un agente nervioso conocido como Novichok, sustancia desarrollada en la década de los setenta en la todavía Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Desde luego que en la actualidad no se escucha muy a menudo acerca de los ataques hacia espías, ni de su desenvolvimiento en el panorama político, y en cambio, se asocia a la etapa político-bélica conocida como Guerra Fría, de hace al menos cerca de 30 años. Sin embargo, este ataque perpetrado en contra de este ex-espía y su hija ha levantado las miradas de altos mandos del gobierno británico, incluida ahí la de Theresa May quien además de condenar la muy posible implicación de Kremlin en este acto, aseguró que de no contar con una respuesta coherente por parte de las autoridades rusas (entre ellas su embajador en Reino Unido) en este tema, no habría duda de que se conducirían acciones en contra del uso ilegal de fuerzas por parte de Rusia hacia el Reino Unido.

Este ataque no sólo ha llamado la atención de las autoridades británicas, sino de sus aliados estadounidenses. Rex Tillerson, Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, se ha pronunciado a favor de las investigaciones que han desarrollado las autoridades británicas y ha mostrado su total confianza en relación con aquéllas, expresando que los

rusos figuran como los responsables más posibles de este ataque. Por su parte, Kremlin ha respondido a las declaraciones de May aseverando que dichas declaraciones son atrevidas y audaces.

Usualmente tenemos conocimiento de que las investigaciones conducidas por ciertas autoridades de países como el Reino Unido, con instituciones sólidas y competentes, han mostrado compromiso, eficiencia y veracidad, sin embargo, cuando se trata de política existe la posibilidad de que esas investigaciones sean direccionadas intencionalmente. Quizá no sea el caso y efectivamente Rusia haya perpetrado el ataque, lo que sin duda mermaría las relaciones diplomáticas entre ambos países, mismas que no están en buen estado y se han ido deteriorando al paso del tiempo, sobre todo por la alianza de más de un siglo del Reino Unido con los Estados Unidos, y que tendría repercusiones tangibles en la expulsión de diplomáticos y oligarcas rusos en suelo británico, lo que pondría en riesgo la asistencia y convivencia en al menos los próximos eventos diplomáticos y de Estado, como la Copa Mundial de la FIFA 2018 en Rusia, o bien, en los diversos foros internacionales de cooperación económica, ambiental y de demás temas. O quizá sí sea el caso y entonces, con el Reino Unido ya subido en el barco con los Estados Unidos, se comience a fraguar otra vez una etapa político-bélica por la hegemonía, control a países periféricos y no, e influencia ideológica similar a la experimentada hace unas décadas: una nueva Guerra Fría.

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