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CASO COLOSIO; LAS INVESTIGACIONES DEL COMANDANTE JOSÉ FEDERICO BENÍTEZ LÓPEZ

Cuarta y Ultima Parte

El 31 de marzo de ese 1994, en la comandancia de la policía municipal el hermetismo era evidente. Nadie quería hablar de las investigaciones en torno al asesinato de Colosio.

Me remitieron con uno y otro agente que se negaron a hacer alguna declaración a la prensa.

El comandante José Federico Benítez López fue el único que acepto hablar.

Lo primero que me comentó fue que había recibido un baúl donde había algunos documentos que había escrito el mismo Aburto.

De acuerdo con el parte correspondiente, en el baúl se encontró un manual de marxismo, así como varios “documentos personales y familiares”. También, el Libro de Actas que la madre de Mario acababa de esconder. No se trataba del mismo libro en el que Aburto dijo haber plasmado sus ideas siete años antes —todo parece indicar que el Libro de Actas fue redactado al filo del 23 de marzo—, pero contenía algo semejante a lo que Oscar Daniel Pérez Fernández había escuchado aquella noche de 1987: una declaración “suscrita por un hijo de la patria” que colocaba, bajo su firma, la leyenda “Caballero Águila”:

“Aquellos que esten encontra de las decisiones del Pueblo,

que se consideren traidores a la Patria.

Se abre un capítulo mas en la istoria de estos

estados heroicos y de la nación entera,

dando paso a los ideales de un hombre que preocupado

por el futuro de su país deside constribuir

para seguir construllendo un país mejor cada día, acosta

de su propia vida, renunciando a todo, asta su propia familia.

Por que los verdaderos hijos de la Patria lo demuestran con hechos no con palabras”.

El país ha ido cambiando gracias a todos aquellos valientes que han ofrendado su vida por los ideales de un pueblo que sufre las injusticias de sus gobernantes y luchando por una verdadera justicia y democracia.

Que no sea henbano el sacrificio de aquellos valientes que isieron baler los derechos del pueblo oprimido y engañado, ellos que contanto sacrificio quisieron damos un país cada día mejor.

Esto es solo el principio de un gran y verdadero cambio, y el cambio se vera desde donde empiesa la Patria.

Hagace responsable de los hechos atodos aquellos gobernantes que siempre quisieron tomar decisiones que solo le correspondían al Pueblo.

Los gobernantes que no cumplan con el pueblo con una verdadera justicia y democracia que pagen las consecuencias”. (sic)

De acuerdo con lo comentado por el mismo comandante Benítez, también se consiguió una novia, o algo parecido a una novia. Fue ella —Graciela González Díaz—, quien a principios de marzo, mientras paseaba con Aburto por el Parque de la Amistad, lo vio saludar a un hombre —al que luego en la cámara de Gessel reconocería como Tranquilino Sánchez Venegas— y enviarle “un mensaje consistente en levantar tres dedos de su mano izquierda”.

Gabriela recordaría que por esos días Mario la llevó al museo de cera, y le mostró la figura del Caballero Águila, “diciéndole que cuando pasara el tiempo lo iba a ver en ese lugar, ya que en el grupo político al cual pertenecía le llamaban Caballero Águila, ya que en el mismo se nombraban con nombres de animales”. (Meses más tarde, el 9 de septiembre de 1994, mientras Aburto rompía a llorar detrás de la reja de careos, la muchacha exclamó: “No, él no me lo dijo”, refiriéndose a que no le había dicho nada relacionado con “lo de su partido político”.

Tal vez por esos días, después de visitar el museo de cera y dejar correr pensamientos que no podremos conocer jamás, Aburto daba los toques finales a su Libro de Actas:

“En una ocacion que me encontraba en el campo, en mi infancia, seme hacerco un señor de avanzada edad; todo un revolucionario: alto, ojos de color, cabello blanco de la esperiencia y de la sabiduría, con una enerjía envidiable; y me dijo: —Hijo, dame fuego de la fogata, y le conteste:

—Suelen ofenderme de esa manera, mas no saben que yo tan solo soy la mecha, y un día la pluma sera mi arma, pero mi arma mas peligrosa serán mis ideales y mi filosofía reconstructiva, y cada vez más mis filas irán asiendose cada vez mas numerosas, por que todos apollaran ala justicia. El me dijo:

—Estas seguro de lo que dises y de tus ideales, por que yo estoy de acuerdo con ellos. Yo le conteste que si. El dijo:

—Que sea para bien de la patria, y en nombre del Pueblo yo te nombro Caballero Aguila. Alo que yo conteste:

Rindo protesta sin reserva alguna, guardar y hacer valer la Constitución y las desiciones del pueblo que es nuestro país, con sus reformas a las leyes y desempeñar patrióticamente mi nombramiento, mirando por el bien y prosperidad de nuestro pais. Alo que el dijo:

—Si asi lo hicieres, que la nación os lo premie, y si no os lo demande.

Tal vez por esos días pensó que

Mis declaraciones recorrerán el mundo en vusca de apollo y comprenciones por parte de los países hermanos de América entera y de los demás continentes Asiéndoles saber que en este país un partido aformado un imperio que a tenido al pueblo engañado desde hace muchos años, y que utilizan los términos equivocados y que no les corresponden, escudándose también tras las grandes figuras de grandes Heroes de la Revolución.

…Y dejó caer, entonces, la primera señal:

(…) Su propio candidato a la presidencia alguna vez asepto que su partido había fallado y siempre ablo con demagojia al higual que algunos mandatarios que dejaron el país siempre con más problemas… Aunque ustedes no lo crean, pueblos del mundo entero y Naciones, en este pais existen todavía dictadores apoyados por el imperio formado por un partido político.

(…) Hermanos, es preciso saber lo que se quiere; cuando se quiere, hay que tener el valor de decirlo; y cuando se dice, es menester tener el coraje de realizarlo…(sic)

Eran los días finales. Los previos al proyecto. Esos días en los que declaró haberse estado preparando en un campo de tiro de la ciudad de Tijuana y en los que, nervioso, mostró a dos de sus primos un revólver 38 que tenía bajo el colchón: el mismo, un Taurus con cachas de madera color café que, según uno de sus hermanos, Aburto había comprado dos años antes “a un capo cara de perro”.

—Tengo planeado un negocio —les dijo.

Lo traicionaba la excitación. Una de sus compañeras de trabajo le habría oído decir “que iba a venir a Tijuana una persona muy importante, que muy pronto iba a salir en televisión y que se iba a convertir en una persona muy importante, y que no sabía si iba a salir con vida de la acción que iba a llevar a cabo pero que dejaría a su familia mucho dinero”.

A otra de las empleadas, María Elena Lugo Valdés, le confesó “que se dedicaba a la política para ayudar a los trabajadores y a todo el mundo”. A ella misma, una noche de frío, le prestó una chamarra. La misma, por cierto, con que se cubriría el 23 de marzo. Dentro de una de las bolsas había dos balas. La joven las descubrió con extrañeza. “Entonces Aburto las tomó y se las echó en la bolsa del pantalón”. También a ella le dijo “que un trabajo que iba a desempeñar le haría ganar mucho dinero”, sólo que iba a arriesgar su propia vida, y “que ya se enteraría por un medio de la televisión”.

Así llegaban las noches. Tal vez antes de dormirse Aburto anotaba las frases finales en el Libro de Actas, y lo guardaba en aquel baúl en el que había 495 fotografías, un acta de nacimiento expedida en Campeche a nombre de María Cruz Zendejas, un acta de nacimiento girada en Sinaloa a nombre de Jesús Ángel López, un acta de nacimiento a nombre de Mayra Guadalupe González Villa, una credencial de elector a nombre de Alfredo Ochoa Maravilla, un gafete expedido por la empresa Geron Furniture a nombre de Antonio Almaraz, un certificado de nacimiento del estado de California a nombre de Maridam Alarcón Ríos e Irvin Beltrán, diez credenciales diversas a nombre de un sujeto llamado Niels Francis (que declaró haberlas perdido), una credencial a nombre de Salvador Manzo Serrano (de quien nunca se encontró el rastro), unas arras de matrimonio, una carta expedida en 1990 por el Department of Army de los Estados Unidos, a través de la cual se invitaba a Aburto a enrolarse “dándole cuenta de las cantidades de dinero que recibiría por participar”, una forma con el logotipo United States Marín Corps, en donde Aburto “acepta participar en el Army”, una credencial expedida por la Asociación de Comités del Pueblo a nombre de Mario Aburto Martínez, una constancia de prestación de servicios en el Club Britania en 1993, una carta con el logotipo Our Lady of Victory Church firmada por el padre Carlos S.T. en 1989, una hoja de cuaderno con recibo de venta de un mustang blanco modelo 79 cuyo comprador fue Mario Aburto, un recibo de pago “de un lote ubicado en el ejido Chilpancingo, por la cantidad de cuatro millones y medio de viejos pesos” (1989), los resultados de un examen de sangre que Aburto se practicó en el laboratorio Análisis Clínicos Médicos, y también un objeto de plástico que representaba una garra, y contenía una figura: la figura de un águila.

Tenía también una agenda. Estaba rotulada “Adresses” y contenía sólo 14 nombres. Entre ellos figuraban el de José Luis Pérez Canchola —¿el procurador de los Derechos Humanos en Baja California? — y el de un sujeto que declaró no tener la menor idea de por qué su nombre aparecía ahí: Blas Manrique Arrevillaga. En una de las páginas aparecía la anotación “Palacio Azteca”: un hotel de la localidad. En cuyo Salón Jacarandas se reunían una vez a la semana varios militantes del PRD. Los encargados del hotel, sin embargo, aseguraron no haber visto jamás en aquellas reuniones, ni en otras, a nadie que se pareciera a Mario Aburto Martínez.

En esa agenda, según nos comentó el mismo comandante Benítez, se encontró un cheque por 50 millones de pesos que se trató de cobrar en la sucursal de Banamex de Playas de Tijuana y del cual buscaría darme una copia.

Tras la entrevista con el comandante Benítez, las cosas empezaron a ponerse un poco turbias. Por varios días note que una persona me seguía por los lugares donde andaba buscando información y sobre todo cuando intentaba contactar al comandante Benítez.

Temeroso por mi seguridad, pues me encontraba yo solo en Tijuana, me comunique con Ramón Márquez, quien me dijo que al día siguiente me regresara a la ciudad de México y que uno de mis compañeros me relevaría.

A las pocas semanas de haber llegado a la ciudad de México, me enteraría que el comandante Benítez López moriría brutalmente acribillado.

LAS 15 MUERTES LIGADAS AL CASO COLOSIO

Entre el 23 de noviembre de 1993 y el 15 de septiembre de 1999, alrededor de 15 personas, entre políticos, policías, integrantes del Estado Mayor Presidencial y agentes de Ministerio Público fueron asesinados. Todos ellos, estuvieron vinculados con el atentado del candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio.

Según datos contenidos en los expedientes de la PGR sobre el caso, por lo menos dos de esas muertes se registraron antes del crimen perpetrado contra el priista, aquella tarde del 23 de marzo en Lomas Taurinas, Tijuana, Baja California.

Tres personas que participarían en el equipo de seguridad del candidato presidencial fueron asesinadas, dos antes de la muerte de Colosio y otra después. Tal es el caso de José Luis Larrazolo Rubio, un comandante de la Policía Judicial Federal que iba a integrarse a la campaña de Colosio, pero que fue asesinado en enero de 1994.

Otro de los casos más conocidos de personas vinculadas al caso Colosio y que resultaron muertas es el de Ernesto Rubio Mendoza, ejecutado la misma noche del 23 de marzo de 1994 en un taller mecánico de Tijuana, a quien el investigador privado Humberto López Mejía señalaba como el verdadero hombre detenido en Lomas Taurinas y el asesino material, y de quien decía tenía un gran parecido físico con Mario Aburto.

Rubio era el hombre de confianza del ex comandante Raúl Loza Parra, encargado de las primeras investigaciones del caso Colosio. Loza encargó a dos agentes bajo sus órdenes filmaran el mitin de Lomas Taurinas.

Rebeca Acuña Sosa, una agente del Ministerio Público federal que participó en la integración de la primera averiguación previa del magnicidio, fue asesinada en febrero de 1996.

El 19 de julio de 1996, dos años después del atentado contra Colosio, el jefe de seguridad del PRI durante la campaña presidencial, Isaac Sánchez Pérez, también fue asesinado por tres sujetos a bordo de un vehículo.

Según el informe de la Subprocuraduría especial en el caso, la prensa nacional e internacional reveló que al menos ocho personas fueron asesinadas por investigar sobre el tema Colosio. Sin embargo, la PGR dio a conocer que no existió relación entre los homicidios y el proceso de investigación.

Jorge Antonio Sánchez Ortega, un agente del Cisen que estuvo en la escena del crimen y fue detenido por la Policía de Tijuana, fue liberado la madrugada del 24 de marzo, a pesar de que dio positiva la prueba de radizonato de sodio y a pesar de que lo detuvieron cuando huía del lugar de los hechos. Llevaba sangre en su chamarra y ésta resultó del mismo tipo de la de Colosio (A negativo). Se parece mucho físicamente a Aburto. Fue liberado por autoridades federales.

Tiempo después asesinaron a Federico Benítez, el jefe de la policía de Tijuana, quien “por error” tuvo a sus agentes cerca de Lomas Taurinas y osaron detener a Sánchez Ortega.Francisco Medina / La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla/La Opinión de Tabasco

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