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Anita Telcel
Columnas Ultima Hora

Que sube…, que baja…

• López Obrador, con demasiada crueldad, ha tratado como “pantaleta”, nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

• Un presidente magnánimo, pero tenebrosamente diabólico

• Parafraseando al ex presidente estadounidense Ronald Reagan: “No existe bestia en el mundo más peligrosa que un ignorante con poder”

BLAS A. BUENDÍA *

La comunidad intelectual califica como “ruin” y “miserable” el comportamiento tan soez que el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha tratado a nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, incluso, algunos críticos y comentaristas acusan que el Ejecutivo se ha atrevido en utilizarla como una vil “pantaleta”, que según en el argot del bajo mundo del hampa, es la infamia de un malnacido.
La derivación de la palabra “magnánimo”, López Obrador la conjuga en dos tiempos, es decir, dos caras. Por un lado, el político tabasqueño aparece como un ser benévolo, benigno, bondadoso, caballeroso, idealista, desinteresado, excelente, hidalgo, noble y principesco, que traducido en el sentido antónimo, se configura como un vengativo.
Es verdad que cuando se reúnen las dos cosas, la virtud y la fortuna, se obtiene con más seguridad la consideración; pero los que poseen estos bienes sin poseer la virtud, no pueden creerse ellos mismos a gran altura y sería un error tenerlos por magnánimos, porque no hay honor y magnanimidad sin una virtud perfecta.
La permanente conspiración de López no ha sido perezosa y desgastante, en contra del desarrollo de millones de mexicanos, a quienes los ha convertido en sus rehenes fortuitos y sus entes secuestrados que sin necesidad de utilizar campos de concentración o algo parecido para ejecutar un abierto magnicidio, la pandemia del Coronavirus se ha encargado de descubrir su verdadero rostro mesiánico.
Infinidad de veces se ha analizado el tema en relación al pasado de Andrés Manuel López Obrador, el costeño tabasqueño de quien se dice que su conducta como presidente no solo deja qué desear, sino que la sociedad da cuenta que “no es mexicano”, sino un ciudadano que nació en El Salvador, que desde pequeño fue traído por sus padres, en brazos, para radicar en tierras del sureste mexicano.
En cuestiones de honradez, su famoso Cartilla Moral rebota en la crueldad de los hechos históricos de su pasado, porque por ejemplo, el periodista y locutor Ricardo Rocha, en su espacio que ocupa en redes sociales, denominado “En mi Opinión”, presentó un somero trabajo analítico que le faltaron datos históricos.
El más importante suceso se describe en el libro Crímenes Ocultos de López Obrador, cuya tema Ricardo Rocha elude diversos acontecimientos sangrientos cometidos por el tabasqueño durante su juventud.
No ahonda del porqué mató a su hermano José Ramón López Obrador, y el ataque criminal que cometió en contra de su amigo José Ángel León Hernández, a quien le asestó un pelotazo de béisbol en la nuca, dejándolo inconsciente y en estado vegetativo por muchos años hasta su muerte.
Sin embargo, el trabajo periodístico sonoro que ilustra con imágenes en cada segmento denominado “Él Es-todo soy yo”, que periodísticamente podría ser llamado como “El Señor de Palacio Nacional”, recobra un valor taxativo por la simple y sencilla razón que López Obrador se siente más que un “salvador” o un “patriarca”.

Yo soy presidente de la República, por eso México es mío.
Yo soy mis 30 millones de votos, por eso tengo el derecho hacer lo que yo quiera de este país.
Yo soy el gobierno, por eso, ni mi gabinete, ni mis funcionarios existen, solo yo.
Yo soy la ley, por eso la aplico como se me dé la gana.
Yo soy la Constitución, por eso la huso como si se tratase de un calzoncillo o una pantaleta que se sube o se baja.
Yo soy el Congreso, por eso les ordeno lo que hay que hacer, ni cambiarle ninguna coma.
Yo soy la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad, por eso detesto a los medios que me critican y compenso a quienes me adulan o callan.
Yo soy el creativo, por eso inventé a mis enemigos, los neoliberales, los conservadores, los pasquines inmundos y el eterno complot contra mi 4T.
Yo soy el control que todo lo que ve, por eso las pruebas biométricas obligatorias como se hacen en China y Venezuela.
Yo soy la historia, por eso determino quiénes son los héroes y quiénes los villanos.
Yo soy la educación, por eso adoctrinaré el cerebro de los niños para que dejen de ser materialistas.
Yo soy la salud, por eso con mi vocero, le hicimos a nuestro país, un daño irreparable, la criminal gestión de la pandemia en México.
Yo soy el propietario de todo y de todos, por eso le regalé Santa Lucía al Ejército, para comprar a buen precio su lealtad.
Yo soy nacionalista, por eso les asigno toneladas de millones a PEMEX y la CFE, a pesar de que están quebradas y no tengan posibilidad alguna de recuperarse.
Yo soy original, por eso destruyo todo lo que no inventé yo. El aeropuerto de Texcoco, las nueve mil estancias infantiles y el Seguro Popular.
Yo soy el aire, por eso decido dónde “sí” y dónde “no” los aeropuertos.
Yo soy el rey de la selva, por eso construyo un tren que la hará pedazos.
Yo soy el gran adivino, por eso sé lo que va a pasar, y con eso justifico aberraciones para que no pasen, pero también atropellos para que algo ocurra. Quedarme dos años más, por ejemplo, si el experimento Saldívar, funciona.
Yo soy el economista, por eso hay que repartir dinero para obtener votos, generar empleos no funciona para triunfar en una elección.
Yo soy el proceso electoral que voy a ganar pase lo que pase, y a como dé lugar, a pesar del INE y con el apoyo del TRIFE. Algunos estados clave, pero sobre todo la estratégica Cámara de Diputados, donde se deciden los dineros para seguir mandando a mis anchas.
Yo soy la moral de la nación, por eso desde mi pulpito mañanero, dicto todos los días el “Nuevo Evangelio” contra la corrupción y a favor de la honestidad y las buenas costumbres.
Yo soy el maestro del disfraz, el gurú de los pobres aunque viva en un Palacio que ni Biden, y que tenga una Quinta que ni Slim.
Yo soy el dueño del circo, por eso, payasos y saltimbanquis me adulan todas las mañanas.
Yo soy el elegido, el bien amado, el bendecido por “Dios” y sus “Pastores”. Por eso oran conmigo y me llenan de cánticos y rezos.
Yo soy el redentor, por eso los corruptos, los ladrones y los asesinos, se redimen con tan solo serme fieles.
Yo soy el magnánimo, por eso solté a Ovidio y consentí a la mamá del Chapo.
Yo soy el carismático, por eso nadie se resiste a mi encanto, a mi sonrisa, a mis ocurrencias, y hasta mis pausas, por eso mis hordas de fanáticos.
Yo soy el “Señor” y “Dador de Vida”, el omnipresente, el infalible, el supremo.
Yo, Andrés Manuel López Obrador.

Dicho sea de paso, de acuerdo a la Real Academia Española, se le denomina magnánimo a un individuo altruista, generoso o misericordioso. Se puede decir que la magnanimidad está asociada a un espíritu elevado. Se trata de una virtud que permite disponer el ánimo con fines positivos o para concretar acciones valiosas desde una perspectiva moral.
“López Obrador, el magnánimo”, de tal suerte, sigue sin medir consecuencias, al empuñar la vergüenza al arremeter linchamientos presidenciales internacionales. No ha dejado de protagonizar conflictos con todos los sectores de la población y en el ámbito mundial, desde lo consideran un “rústico”.
Parafraseando al ex presidente estadounidense Ronald Reagan: “No existe bestia en el mundo más peligrosa que un ignorante con poder”.

Reportero Free Lance *
filtrodedatospoliticos@gmail.com

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